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Un 15 de mayo, como otro cualquiera

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Sucedió así, visto con mis ojos todo pasó muy rápido, aunque realmente el plato ya llevaba tiempo cocinado. El primer día estaba sola sentada en la plaza de la escandalera, a mí alrededor no más de cien personas. Justo sentada a mi izquierda otra chica solitaria me dijo: “Esto no ha hecho más que empezar”. El siguiente día, en la misma plaza, el número de personas se había multiplicado por 10. El siguiente día, el número alcanzaba ya las tres mil personas,  desde ese día no volví a ir sola a la plaza…

Mi etapa dorada del 15m la viví en Valladolid. Aunque mi participación en el movimiento fuera mucho más indirecta que la de los acampados, me sentía y me siento parte de ellos. Sentadas, asambleas, gritos mudos, manifestaciones, rosas contra armas, balcones empapelados… Tomamos la calle como nunca mis ojos lo habían visto. Muchos dicen hoy que el 15m no sirvió para nada, que fue un movimiento utópico con grandes miras y poca concreción. No estoy de acuerdo, para mí el 15m fue un grito a la esperanza, un “el mundo se puede cambiar”. El 15m abrió mis ojos, y como los míos los de muchos otros que hoy ven la vida con otras miras…

No soy la persona más activista, ni la más entregada por la causa, pero como me dijo una vez una muchacha, un 15 de mayo como otro cualquiera: “Esto no ha hecho más que empezar”. Imagen

Diez minutos para la reflexión

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Inspiración

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Y de pronto se fue, se marchó y aún no ha regresado. Tan rápido como llegó, desapareció. Aún sigo buscándola… Hay quien cree que llega cuando menos te la esperas, y otros la encuentran reflejada en las musas…  En una nota musical, en el color verde del musgo, en una ventana  helada que refleja un frío patio, en una puesta de sol, una dulce sonrisa, una mirada cómplice… Pero, a veces solo es cuestión de saber esperar, entonces, el momento llegará. Y a mi, aunque no se me da nada bien, sigo esperándola…

Punto y seguido

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Si todos sabemos que todo cambia ¿Por qué nos dan tanto miedo los cambios? Nos pasamos los días preparándonos para romper con la monotonía, para empezar de cero, para cambiar los colores de nuestra rutina… Y cuando llega el momento, el instante exacto de mirar hacia un nuevo presente, parece que todo se derrumba y que queremos seguir con nuestra vida, queremos que nada cambie, que todo siga como está. Pero a veces, hay más razones que el plantarle cara a la monotonía, a la comodidad; a veces existen razones de peso, el problema es que no sabemos diferenciar cuando nuestras razones son lo suficientemente valiosas como para arriesgar lo que hemos conseguido hasta hoy.

Cuando estas al borde del abismo, solo tienes dos opciones echarte atrás o saltar. Hay personas que saltan sin miramientos, cuentan hasta tres y se lanzan al vacío. Otras no tienen reparos en echar a correr en la misma dirección por la que habían llegado. Yo en cambio, cuando estoy en ese punto extremo, miro hacia atrás esperando que alguien me detenga o me empuje al vacío. Cuando veo que nadie llega, tiento a la suerte. Me asomo al precipicio y dejo un pie colgar, a veces funciona para caer por “descuido”. Soy capaz de estar en ese punto, en standby, horas, incluso días. Hasta que alguien se apiada de mí y de un ligero soplido me empuja al futuro que yo misma elegí.

Sin duda alguna, lo peor es la espera. Estar en el purgatorio sin saber con qué te vas a encontrar esta vez. Saber si sufrirás, si te irá bien pronto, si hará buen tiempo, si perderás al amor de tu vida por embaucarte en otra de tus estúpidas tonterías… Sí, ese tipo de cosas son las que corroen mis nervios, y hacen que sea incapaz de pegar ojo últimamente. Cuando por fin consigo dormir los sueños, mis peores y mis mejores amigos, me atormentan enseñándome un futuro incierto.

Esta y la próxima, serán mis semanas en el purgatorio, a la espera de los acontecimientos que deben llegar.

La verdad es que no entiendo por qué le damos tantas vueltas. En esta vida hay muy pocas cosas que no tengan botón de deshacer, quizás diría que solo una. Entonces, si algo sale mal, siempre podemos regresar. ¿No?

Amor burgués

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Buscamos siempre el camino correcto, el que nos lleva al que creemos es nuestro destino marcado. En este mundo, intentamos actuar de manera lógica, imponiendo nuestras reglas, presas de la sociedad. Por eso, cuando llega alguien o algo que nos hace romper con todo nos asustamos y no podemos evitar mirar atrás. A veces el miedo nos hace correr, gritar, huir hacia un lugar que consideramos seguro y que tiene por apellido comodidad.

De pequeña siempre me contaban el cuento de la pastorcilla que iba con un cántaro a la fuente, imaginando todo lo que lograría. Cuando se le rompía a mí siempre me repetían aquello de: “La avaricia rompe el saco”. Ese leit motiv puede ser el culpable de relaciones frustradas y trabajos monótonos. Aunque también busca seguro acabar con la osadía del que espera conseguirlo todo fácilmente en esta vida.

 Siempre pensé, más bien siempre me hicieron pensar, que cuando lograra un empleo estable, si es que eso es posible hoy, mi rebeldía se esfumaría y me convertiría así en una más del montón. Tras repasar algunas relaciones desgastadas quizás por el tiempo, la monotonía o la distancia; llegue hasta la de ellos dos. En sus miradas no había fuego, solo quedaban las chispas del cariño. Ella se levantaba todos los días en la comodidad de sus abrazos, mientras que él se acostaba pensando que no encontraría a ninguna mejor. ¿Por qué lo hacían? ¿Por qué renunciaban a un nuevo amor, a la locura embriagadora ilógica de los que se aman más que ningunos a su entender?

Por más vueltas que le daba, no conseguía encontrar una respuesta que me convenciera. Como siempre, solo me topaba con interrogantes y es que esto sí que era rutina para mí. Uno de ellos me dejo especialmente marcada durante horas: ¿Nos aburguesamos también en el amor?

¿Cuánto cuesta el hambre?

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Con la llegada de las JMJ a España la polémica está servida. Seguidores acérrimos de la iglesia cristiana invaden estos días las calles españolas esperando la ansiada visita de Benedicto. Mientras que unos oran, otros protestan, y otros defienden. El evento ha sido catalogado como un acto de interés especial, dando así a entender que es de interés para todos los españoles y teniendo así exenciones fiscales.  En un estado como este, un estado laico.

La visita del papa, según fuentes consultadas, está pagada por los propios peregrinos en un 70% y por empresas privadas en un 30%. Parece que hasta ahí todo bien. Si vienen los Rolling Stone y yo me pago el 70% y el 30% me lo gestiona algún patrocinador, perfecto. Pero, ¿Qué pasa con los privilegios que tendrán los peregrinos?

Estos privilegios que se convierten en gastos “indirectos” parten desde la reducción del precio del transporte hasta la cesión de espacios públicos. Empezando por lo primero, mientras que el billete ordinario de metro sube un 50%, los peregrinos pagarán cuatro euros por un abono que cuesta 24 al resto de los turistas. A esto añadiríamos la suma de estaciones cerradas, como es el caso de la de Recoletos, calles cortadas, líneas de autobuses modificadas, los visados gratuitos para ver exposiciones (por un valor de 60€ cada una de ellas)… Hasta llegar a la cesión de espacios públicos como será el caso del Palacio de los Deportes…

Pienso que la iglesia en muchos casos trasgrede la palabra de Dios y se aleja del camino que debería seguir. Pero, este no es el tema.

Aunque esto es muy criticable, me asusta como a veces nuestra propia ignorancia nos ciega a la hora de ver que esto ocurre con las JMJ pero también con otros aspectos de la vida cotidiana que aceptamos sin reparos en algunos casos de forma más positiva. Este es el caso del deporte rey, el fútbol. Fichas millonarias, cesiones de campos de manera casi gratuita, clubs endeudados que siguen fichando de manera desmesurada, abonos que suben año a año… ¡Ojo! Esto no solo lo pagan los aficionados, o socios. No, no, no… ¡¡Lo pagamos todos!!

Es una vergüenza todavía tener que escuchar que los jugadores de fútbol quieren ir a la huelga… ¿Estamos locos o qué? Sus acérrimos seguidores como si de fanáticos religiosos se tratarán, defienden a los futbolistas a ultranza. Utilizan como argumento que si los jugadores se ponen en huelga es porque hay deportistas que no cobran. (Cosa injustificable, obviamente). Entonces aparecen Casillas y Puyol, los dos con sueldos millonarios, y dicen que van a la huelga por solidaridad. ¡Y un jamón! (como diría una grande, mi abuela). Señores, detrás de su huelga hay la regulación de su convenio, pongan la excusa que quieran, a mi no me engañan. La regulación de este nuevo convenio, trae consigo algunas “perlas” como que los jugadores cedan sus derechos de imagen al club. ¡Horrible! Ahora bien, esto no ocurriría con sueldos terrenales. Pasen ustedes a cobrar 1000€ como el resto de mortales “privilegiados”, y entonces hablamos. En ese caso defendería con todas mis fuerzas la modificación de su convenio. Pero es que con fichas de 93 millones de euros, podría decirse que le vendes tu alma al diablo, la imagen entonces, es lo de menos ¿No creen?

Con la visita del Papa, estimada en un coste de 50 M€ y con la ficha de Cristiano Ronaldo 93M€, tendríamos 143M€ dinero suficiente para acabar con el hambre en Somalia… Incluso nos sobraría dinero para ponerle a Ronaldo un sueldo decente de por vida, y para garantizar visitas a las JMJ al Vaticano…

Dicen que la avaricia rompe el saco, ¿Cuándo se romperá el nuestro? Mientras tanto  Somalia sigue sangrando de hambre…

No diré si creo en Dios, o si soy aficionada al fútbol, aunque sé que a algunos les sorprenderían mis respuestas.

La vida vivida desde un zapato

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La vida da tantas vueltas que de repente no sabes en qué punto te encuentras. Ojeas (sin h de hilo) fotos anónimas perdiendo tu valioso tiempo. Encuentras átomos separados que decidieron unirse con el paso de los años. Personas que nunca antes habían tenido ningún tipo de relación y que ahora forman un estrecho tándem difícil de separar. Son las cosas de esta vida, tan apasionante como fugaz.

Algunos creen que su vida es un laberinto sin salida, lleno de paredes monótonas y de rectas interminables, grises, oscuras, frías; pero sobre todo aburridas. En mi caso, siempre he creído que mi vida es de película, y me gusta vivirla así, como si realmente lo fuera. Sintiendo la película y creyéndome el personaje principal. “Show must go on”.

Creo que todas las vidas son iguales, si hay alguien que decide nuestro destino, cosa que dudo; supongo que únicamente se decanta por echar más pimienta, sal, o azúcar en nuestros platos, y que resultado de ese combinado, aparecemos nosotros con nuestras circunstancias. Eso hace que lo que en un principio era una base idéntica se convierta en el ying y el yang. Curioso, a la vez que injusto, muy injusto.

Una vez escuché que antes de juzgar a alguien debíamos caminar muchos kilómetros sobre sus zapatos. He juzgado y juzgo muchas veces, pero nunca he cambiado mis zapatos con el de otra persona…

¿Por qué es tan fácil juzgar  y en cambio es tan difícil caminar?

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