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#YodigoNO

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Hoy 17 de Mayo fue el día en contra de la homofobia. #YodigoNO es el lema con el que se han manifestado muchas personas en toda España.

Personas muy distintas y diversas, heteros y homos se han echando a la calle para decir: No a la homofobia. Esta a fin de cuentas, afecta a todas las personas ya que la homofobia es odio y el odio nos perjudica y nos involucra a todos.

Siempre pensé que los besos eran bonitos no por quienes se los daban, sino por como lo hacían. Ojalá algún día podamos celebrar el día del beso en vez del día en contra de la homofobia. Ese día dejará de existir un odio innecesario, al igual que lo son todos los odios…

Mientras eso cambia, que cambiará,  #YodigoNO a la homofobia y #SíALosBesos

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Por hacerme volver a creer

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En mi memoria quedará guardado para siempre mayo del 2011. Puede ser que olvide los días calurosos de verano en la playa, quizás olvide el color de mis ojos, puede que no recuerde el nombre de alguna de las personas que han pasado por mi vida, pero siempre me acordaré de mayo del 2011. ¿Por qué? Porque fue cuando las cosas comenzaron a cambiar.

El sentimiento de unión y la lucha por la utopía unieron a miles y miles de desconocidos todos diferentes. Desconocidos que solo tenían una cosa en común, la indignación. Esta unión nos hizo y nos hace fuertes, hace que creamos que podemos lograr lo imposible. Hace unos meses, un movimiento parecido al del 15M solo estaba presente en mis sueños, y ahora se está cumpliendo.

Ayer, en Avilés, miles de personas gritamos al unísono que el futuro se puede cambiar, que el mundo puede girar en el sentido contrario. Supongo que para eso solo tenemos que creer que el mundo puede cambiar. Creer, tener fe, esperanza es lo que nos hará fuertes cuando la lucha se torne más difícil de lo que ya se presenta.

A pesar de esto no sería justo engañaros, ni mucho menos engañarme. No siempre todo ha sido luz. Recuerdo el primer día que bajé a la Plaza de la Escandalera (Oviedo), seríamos unas 100, 150 personas. ¿Dónde estaba la gente? ¿Por qué no estaban hay sentados a nuestro lado? La incomprensión me duró muy poco; pues al día siguiente el número de indignados se duplicó, y al siguiente la plaza estaba a rebosar. Fue entonces cuando me tocó retornar a Valladolid y acercarme a Fuente Dorada. A las diez de la noche llegué como de costumbre a Campo Grande. En menos de una hora ya estábamos en “Fuerte Dorada”, cuando llegué y vi todo lo que mis ojos eran capaces de procesar, un sentimiento recorrió todo mi cuerpo, no era felicidad o alegría exactamente, era un sentimiento a medias entre la sorpresa y la esperanza. “Todo puede cambiar” pensé.

Cada día, en cada visita a la acampada, recobrábamos un poco de fe perdida, fe que habíamos perdido en nosotros mismos. Todos estos sentimientos nos hacían más fuertes, más capaces, más felices, más luchadores… Los acampados habían conseguido despertar el sentimiento de democracia que estaba inmerso en cada uno de nuestros corazones, nos habían empujado a volver a creer, a levantar nuestras voces, a buscar lo imposible, a romper con el sistema, a decir no, a eliminar el conformismo de nuestras cómodas vidas… Solo tengo el gusto de conocer a algunos de estos héroes, a la mayoría no los conozco, ni siquiera sé sus nombres; pero me atrevería a decir que les quiero. Han hecho por mí en quince días lo que solo las personas que verdaderamente me quieren harían por mí. Luchar por que todos tengamos un presente y un futuro mejor.

Para mí, los momentos más bajos llegaron con las elecciones y con el anuncio de DRY en el que especificaban que ellos eran independientes de las acampadas. En ambos momentos sentí como si me cruzarán la cara, como si estuviera soñando y alguien se empeñara en hacerme despertar gritándome y zarandeándome con fuerza. Eran voces de personas incrédulas, personas con nombre y apellidos que me decían: “Despierta, vuelve a la realidad, esto no va a cambiar, no vais a conseguir nada, vuelve a la realidad”. Por un momento casi lo consiguen. Tuve que ser yo la que les diera las noticias a dos de las personas que han estado viviendo conmigo esto casi desde el primer momento. Cuando les explique la situación y vi sus caras desencajadas, la tristeza en sus ojos, la desilusión en sus corazones… Me di cuenta. No era justo. No. No podíamos perder la esperanza, no podíamos ser egoístas teníamos que seguir creyendo sino era por nosotros, tendría que ser por los acampados. No se merecen nuestra decepción o incredulidad. Necesitan todo nuestro apoyo y necesitan que en los momentos duros las plazas se llenen de gente que les apoya, de gente que cree. Por eso volví a soñar, por eso sueño hoy y soñaré mañana, y por eso sé que aunque a veces parezca imposible, el sol volverá a salir cada mañana para recordarnos que el mundo puede y va a cambiar.

Seamos realistas, pidamos lo imposible

A todos los acampados,

gracias por hacerme volver a creer.

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